jueves, 29 de octubre de 2015

Mi equivocada “Realidad” (Realidad Virtual, Neuroeducación y Atención)

Nunca entenderé la docencia como algo rutinario, como una experiencia mecánica. Cada vez que entro dentro de un aula e interactúo con los chavales hay un camino de doble dirección en lo que al aprendizaje se refiere. Es una experiencia en la que en muchas ocasiones se intercambian los papeles y el profesor pasa a ser alumno y el alumno a ser profesor. Cuando ello ocurre, sales enriquecido a nivel personal y un pedacito de tu mundo ha cambiado para siempre. Esto es lo que me ocurrió en el Centro de Reeducación de Menores Colonia de San Vicente situado en Godella (Valencia).

Trabajo en el Instituto de Neurotecnologías Inmersivas LENI de la Universidad Politécnica de Valencia, cuyo objetivo fundamental es aplicar la última tecnología para mejorar la calidad de vida del ser humano. Y dentro de esta línea, hemos llevado a cabo una intervención con Realidad Virtual en el Centro de Reeducación de Menores de Godella “Colonia de San Vicente”.

En esta interesante colaboración, hemos empleado la Realidad Virtual como una herramienta para mejorar habilidades cognitivas, como la atención, y para descender la impulsividad en los menores que se encuentran en este Centro.


Con este objetivo, se desarrolló un entorno virtual que, bajo el título de Neuroeducación y Atención realiza un entrenamiento en actividades extraídas del yoga y de la meditación. Se trata de una iniciativa que une por primera vez la Realidad Virtual con ejercicios que mejoran los niveles atencionales y de impulsividad, en un contexto de reeducación de menores que cuentan con medidas judiciales y que por tanto han tenido graves problemas de conducta.


La finalidad era que, tras la realización del entrenamiento, los jóvenes mostraran en los test una mejora de los niveles de atención sostenida y un descenso de la impulsividad. Los resultados mostraron que existe un efecto de mejoría en general tras el entrenamiento. Y hasta este punto lo tenía todo muy claro: Diseño, herramienta, medidas e hipótesis. Y llegué al Centro dispuesta a realizar el pase y… con la idea preconcebida sobre el contexto.


Cuando entré por primera vez en el Centro de Reeducación de Menores “Colonia de San Vicente”, he de admitir una cosa: tenía prejuicios. Mi imaginación volaba y aunque tengo diez años de experiencia docente con todo tipo de alumnos, no podía evitar imaginar cómo serían y si se comportarían tal y como yo había dibujado a estos chavales en mi mente. Pensaba continuamente qué podría aportar, qué les podría enseñar con mi presencia y con el uso de una nueva herramienta tecnológica.

La historia tomó unos derroteros inesperados, me convertí tras dos días en el Centro en el “alumno”. No entendía nada hasta que empecé a observar a los educadores y personal del centro, a su director, a su jefe de estudios….había una actitud común que destilaban y era la cercanía y amabilidad que tenían con los chavales. No existía un juicio de valor por lo que habían hecho o dejado de hacer. No estaban dentro de cajas con etiquetas catalogados para los restos. Sí, efectivamente, habían cometido un delito, pero ahora había alguien que creía en ellos y que les enseñaba con su actitud que el cambio se halla dentro de uno mismo. Había optimismo, buenos modos, pero criterio firme.

Hubo un momento que llamó poderosamente mi atención y no por lo que tenía de excepcional. Un viernes, a última hora, con un calor sofocante, las dos de la tarde. Uno de los últimos chavales que entra a realizar el pase experimental me cuenta que está aprendiendo con un educador a cuidar el jardín. Cuando lo acompaño a su sección me dice…” mira todo este trabajo lo hemos hecho nosotros dos. La verdad es que me gusta estar subido ahí arriba cortando las plantas con mi educador. Hablo con él y si te digo la verdad es muy bueno conmigo a pesar de que yo…” A lo que añade. “Disfruta mucho del fin de semana y gracias por todo”.  Creo que hacía unos seis meses que nadie me deseaba un buen fin de semana, pero ¡ni un adulto!

Hábitos, adquisición de los mismos para abordar problemas conductuales. Están habituados a entrar y saludar, a irse y dar las gracias. Y creo firmemente que lo mismo con cualquier cosa que se plantee con ellos. Los hábitos, la autoeducación y responsabilización, son pilares sobre los que se asienta la pedagogía del Centro.



Quien con ellos trabaja es modelo y espejo, llevando adelante con un convencimiento desbordante,  que ese trato familiar y afectivo, dosificado, dependiendo de la actitud del alumno, es una vía para que puedan volver a rehacer su vida con normalidad.
Los seres humanos tenemos una capacidad enorme para equivocarnos, yo me equivoqué juzgando el entorno, pero tenemos la misma capacidad para rectificar y aprender. Y esta filosofía es la que se ve en la Colonia de San Vicente.
Ha sido, sin duda, un gratificante proyecto donde se ha conjugado ciencia, docencia, cariño, investigación, tesón… y mucho más; aplicando las últimas tecnologías para ayudar a estos chavales, y para ayudar  a desarrollarnos a todos.

Nunca se sabe dónde se puede aprender y nunca es tarde para ello. Errar es humano pero levantarse y tener la valentía de mirar a tu error de cara….eso, eso es de valientes.

Elena Olmos, @elenaolmosraya